La oscuridad en El Día

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Por Camilo Cagni, periodista

Ante las recientes declaraciones en el juicio “La Cacha” del ex miembro del destacamento 101 de inteligencia del Ejército Anselmo Pedro Palavezzati, en donde confirmó la colaboración del diario El Día con la última dictadura cívico-militar, analizamos algunos hitos del periódico platense durante los años del proceso.

“No ha terminado la lucha” tituló el diario El Día en su tapa del 4 de marzo de 1977, citando las palabras que pronunció –el por aquel entonces- almirante Massera en un acto en el bosque platense. A pocos kilómetros de allí, en un predio lindero a la Unidad Penitenciaria Nº 8 de Lisandro Olmos, policías y militares se fusionaban con el objetivo de aniquilar a cientos de personas en el Centro Clandestino de Detención conocido como “La Cacha”. Seguramente a esa “lucha” se refería el titular de la Armada: la detención, el secuestro, la tortura y la muerte de los llamados “subversivos apátridas”, que no contaban con ningún recurso o medio para defenderse. Siguiendo los concejos del gran escritor y militante Rodolfo Walsh que decía “hasta lo más secreto está en alguna fuente pública”, relevamos parte de las ediciones del diario entre los años ’76 y ’77, y constatamos una complacencia más que evidente con las ideas y acciones de la junta militar. En una sociedad platense que estaba siendo castigada como ninguna por el Terrorismo de Estado, donde día a día desaparecían sus vecinos y nada se sabía de ellos cabe realizar las siguientes preguntas: ¿Cómo influía El Día en la formación de opinión? ¿Su discurso influyó en la construcción de un enemigo? ¿Sus notas ayudaron a naturalizar un genocidio que duró años?

Editoriales que delatan. El diario El Día fue fundado el 2 de Marzo de 1884, en los inicios mismos de la ciudad de la Plata. Desde ese momento se erigió como el medio de prensa más representativo de la zona, donde sus lectores consumían noticias e informaciones que provenían de la nueva capital provincial y sus alrededores. Siempre el matutino tuvo la capacidad de adaptarse a los gobiernos de turno sin ser un factor de oposición. En la editorial del 26 de Marzo de 1976 titulada “La prevista consecuencia”, el periódico dirigido por Raúl Kraiselburd analiza las circunstancias que llevaron al golpe como algo “inevitable y previsible”. Además señala cuales son los dos grandes desafíos del nuevo gobierno militar: “El reordenamiento del aparato productivo del país y el aniquilamiento definitivo de la guerrilla”, traducido en nuestros días como la instauración de un sistema liberal en lo económico y el inicio de un genocidio como respuesta política a los sectores más combativos. Para concluir remata con un pedido a sus lectores: “Es indispensable desearles éxitos (al gobierno militar), pero es absolutamente imprescindible que todos los habitantes del país comprendan que ese futuro venturoso solo llegará con el concurso de todas las voluntades argentinas.” Una verdadera joya del periodismo obsecuente.

El 11 de Abril del mismo año, el diario platense editorializa sobre el rumbo económico que tendría que tener el país aconsejando “reducir al mínimo la influencia del aparato estatal para lograr la reconstrucción económica en el marco de la lucha contra la subversión”. Esta fue la principal misión que llevaron adelante los economistas influenciados por la escuela de Chicago, en donde José Alfredo Martínez de Hoz se convirtió en el máximo referente: achicar el estado para ampliar el mercado.

Continuando con el relevamiento nos trasladamos al año 1977. En la editorial del 29 de Mayo titulada “El día del ejercito”, el medio saluda y homenajea a la fuerza que “A los 167 años de su creación, junto con las otras Fuerzas Armadas y la mayoría de la ciudadanía, está cerrando un período de la vida nacional, en el cual desterrar la violencia se convirtió y es aún, la obsesión de todos.” Siguiendo con una prosa digna de un manual militar, El Día afirma “La batalla está terminando, ganaremos el derecho a la vida y sólo unos pocos han caído en la tentación totalitaria, lo cual debe enorgullecer aún más. Frente a los totalitarismos y los asesinatos seguimos optando por la democracia y la justicia, como una y otra vez lo reitera el presidente de la República y Comandante del Ejército”. Cabe agregar que las palabras que cita el medio son las de Jorge Rafael Videla, condenado por este estado democrático a cumplir la pena de prisión perpetua por cometer diferentes crímenes de lesa humanidad durante su presidencia.

Comunicados oficiales. La reproducción de los comunicados de las fuerzas de la represión constituye otro de los puntos polémicos del periódico, ya que casi todos los días en la página número 6 reproducía en su totalidad un parte oficial que informaba sobre la muerte de algún supuesto extremista. Esta carilla podría definirse como la sección “policial anti-subversiva”, en donde los asesinatos en maños de policías y militares eran presentados como una defensa frente al accionar criminal de “elementos marxistas”. Allí además se detallaban con nombre y apellido las identidades de las personas abatidas, su profesión y el lugar donde eran encontradas sin vida.

Pero toda avanzada mediática parcializada, en algún momento choca contra la realidad. Frente al fuerte reclamo de familiares de víctimas que arrojaba la represión en La Plata y ante la presión de los organismos internacionales de derechos humanos, El Día publicó el 21 de Noviembre de 1978 una solicitada en donde se pedía por el paradero de más de 200 detenidos-desaparecidos de La Plata, Berisso y Ensenada. El listado fue confeccionado por familiares directos de las víctimas que por primera vez conseguían un espacio en un medio gráfico para divulgar una solicitada de este tipo.

Un detenido-desaparecido. Hugo Alfredo Iglesias era un trabajador gráfico de 21 años que ejercía su oficio de tipógrafo en los talleres de La Gazeta, un diario que pertenecía al grupo empresarial de El Día. El 15 de Febrero de 1976 fue secuestrado en su casa de La Plata por una patota que se identificó como “personal del ejército” y desde ese momento nada más se supo de él. Su caso volvió a repercutir en la justicia platense en el año 2001, cuando su esposa Felisa Marilaff (que estuvo varias semanas detenida-desaparecida en La Cacha) declaró en el Juicio por la Verdad dando detalles sobre el secuestro de Iglesias: “Los secuestradores estaban de civil y llevaban armas largas” narró Marilaff frente al presidente de la Cámara Federal platense, el Dr. Leopoldo Shiriffrin. “A minutos del secuestro me dirigí a La Gaceta para preguntarle a su jefe, Raúl Francisco Vaccaro, si sabía algo de él, a lo cual responde que a Hugo lo tenía el ejército, pero que si él estaba involucrado en algo no lo iba a volver a ver porque lo iban a matar”. Mucho tiempo después Marilaff se enteró que Vaccaro (mano derecha de Raúl Kraiselburd en el grupo El Día) estaba involucrado con los servicios de inteligencia del ejército y además tenía una gran amistad con el general Ramón Camps. El último movimiento en causa por la desaparición de Iglesias fue en el año 2011, y desde entonces continúa paralizada.

Ahora, y ante el reinicio de un juicio por delitos de lesa humanidad en La Plata, el Tribunal Oral federal Nº1 a cargo de Carlos Rosansky tendrá la oportunidad de investigar y condenar a 16 represores que actuaron de manera ilegal en el CCD La Cacha, y al mismo tiempo determinar el grado de responsabilidad que tuvo El Día en la construcción de un clima propicio para ejecutar un genocidio.

La lucha por la reconstrucción de la verdad histórica, todavía no ha terminado.

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